A cuenta de las movilizaciones del personal de limpieza de la UGR

Artículo publicado en «La Voz de Granada» (enlace a la publicación original)

Durante la pandemia, las trabajadoras de limpieza se han mostrado como un colectivo imprescindible para el desarrollo de las actividades productivas. Simplemente, sin ellas no habría sido posible acudir a nuestro puesto de trabajo y mantener la actividad económica en este país. Justamente en estos momentos, CCOO se encuentra en Granada negociando el convenio colectivo de limpieza no hospitalaria y no descarta movilizaciones. La patronal mantiene su empeño de no trasladar el reconocimiento del valor social del colectivo a unas condiciones laborales más dignas. Son irritantes las propuestas que han plantado encima de la mesa: reducciones de complementos salariales, eliminación del complemento de incapacidad temporal o incluso limitar los permisos para acudir a consultas médicas. Esto es, negociar un convenio a la baja y ofrecerse después a grandes empresas como subcontratas a bajo coste. El ansia del capital carece del más mínimo sentido social.

Sí hay un colectivo de limpieza que a lo largo de los años ha logrado, desde la organización y la lucha, su reconocimiento laboral se trata de las limpiadoras que trabajan para la Universidad de Granada, hablo en femenino porque más del 90% de la plantilla son mujeres. Recordarán que hace unos meses CCOO rechazaba el nuevo modelo de financiación de las Universidades andaluzas, que comienza con un recorte presupuestario del 5% y alertábamos de sus consecuencias. Pues bien, empezamos a ver los efectos cuando la Gerencia de la Universidad de Granada, de manera preventiva, y sin negociación previa con la representación sindical, ha anunciado la progresiva privatización del servicio de limpieza en sus instalaciones, dirigiendo el recorte a la parte más débil.

Para CCOO lo que está en juego es el modelo de Universidad que queremos, el que nos sitúa entre las principales Universidades del mundo con la virtud de lo público y desde la participación de toda la comunidad educativa, incluidas las limpiadoras. Por ello, este sindicato no puede aceptar una medida que precarizará el empleo a medio plazo de casi 200 trabajadoras, con menor salario, peor jornada laboral y mayor rotación. No podemos perder de vista la perspectiva de género, ya que el servicio de limpieza de la Universidad de Granada ha sido siempre una vía de acceso a un empleo decente para muchas mujeres a las que ahora se les cierra la puerta. Tampoco es bueno para la Universidad, porque en muchos casos una institución tan compleja precisa de cualificaciones específicas en su servicio de limpieza.Y porque va a destinar parte de su presupuesto al beneficio neto de empresas que retraen de los salarios sus costes con actitudes ruines, como describía al principio. La excelencia y la responsabilidad social también se ejercen acotando estas prácticas.

Desde CCOO instamos a la UGR a negociar, buscar soluciones pactadas –creemos que las hay- y sobretodo posicionarnos en un frente común ante los recortes en la financiación del gobierno neoliberal andaluz y en defensa de un modelo universitario público, porque los ataques son furibundos. No queremos vernos en un futuro teniendo que salir a la calle contra más recortes y en defensa de otros servicios gestionados de forma pública por la UGR,como los comedores, el mantenimiento, deportes o informática… Acabo por donde empecé: el de la limpieza no es un trabajo esencial, es un trabajo imprescindible.

*Daniel Mesa es Secretario General de CCOO Granada