PREPARANDO EL PRÓXIMO CURSO

DE CÓMO LAS RECOMENDACIONES SE CONVIERTEN EN OBLIGACIONES

Estamos detectando que en esta pandemia también la universidad está siendo víctima de la manipulación informativa.

Las autoridades con alguna responsabilidad sobre la universidad (Ministerio, Junta, asociaciones de rectores y rectoras) emiten simples “recomendaciones”: “se recomienda”, “se tenderá”, “se priorizará”.

¿Por qué? Porque son conscientes de que no tienen competencia para dictar normas de obligado cumplimiento.

Pero una vez aprobados esos documentos nos “cuentan” su contenido a través de las notas de prensa que emiten, del discurso hablado, de las charlas con directores y decanas, etc.

Y en ese paso de lo aprobado a lo contado, vemos cómo por arte de magia las recomendaciones, tendencias y prioridades se convierten en obligaciones.

Y el profesorado universitario, que tiene como características ser bien pensado, confiar en sus autoridades y, sobre todo, querer hacer todo lo posible por el bien del alumnado y de la propia universidad, se cree obligado a hacer lo que en realidad es sólo una recomendación.

Hemos tenido muestras de esta realidad en estos meses pasados y nos tememos que vamos a seguir en esta línea cuando vemos cómo se están interpretando las recomendaciones del ministerio o el acuerdo junta-universidades.

Por eso, como sindicato, creemos que en este momento una de las labores fundamentales que nos compete es desbrozar este maremágnum de documentos para señalar con claridad cuáles son las normas de obligado cumplimiento y cuáles las meras recomendaciones.

También estaremos vigilantes para recordar a quien haga falta que las recomendaciones son eso, recomendaciones, que se pueden seguir o no: las recomendaciones no son de obligado cumplimiento.