Borrando el I+D

Desde el Centro de Investigación Príncipe Felipe, de Valencia, se divisan nítidamente, abandonadas en un solar cercano, y atacadas por la maleza y el óxido, las grandes lamas curvilíneas de acero que debieran coronar el Ágora edificado por Santiago Calatrava en la Ciudad de la Artes y las Ciencias. Es una estampa doblemente significativa en la medida en que las placas esparcidas por el erial nos devuelven la mirada de perplejidad y escándalo e interpelan, a su vez, al centro científico, icono de la proclamada apuesta valenciana por la investigación biomédica. Reclamadas en los tiempos de suculentas dotaciones para la I+D, esas competencias queman hoy en las manos de los apurados gestores autonómicos.